Fred Zinnemann (De aquí a la eternidad, Chacal) nos propone una profunda película de autor, dónde nos relata la díficl vida de la poco conocida Alemania pre Segunda Guerra Mundial. A lo largo de toda la cinta, se nos intentan presentar diferentes valores humanos, mezclados con virtudes como el valor o la constancia. A partir de una historia de desesperanza, el diector, va construyendo una trama en la que introduce reflexiones mucho más profundas que el clásico bien/mal que tanto gustaba al Hollywood de los años 40. Obviamente, para pasar por el aro de la máquina cineasta yanki, magistralmente, Zinnemann, aparenta perseguir este fin con iconos como el ángel que habla desde el cielo para revelar la bondad en los hombres; sin embargo, la historia subyacente, desnuda personajes mundanos que no temen al peso de la ley ni de la deseperanza. Personajes acostumbrados a sufrir, pero que aún no se han puesto precio. Ni el odio, ni la ambición, ni el dolor puede derrumbar un espíritu fuerte. A destacar la interpretación de un actor que a mi no me convencía mucho, Spencer Tracy; su frialdad y su mirada completamente vacia hacen que George Heisler sea un personaje que recordaré siempre como uno de los mitos de este nuestro arte predilecto.
Para Recordar: La escena de (des)amor final, dónde los protagonistas, lejos de compadecerse, lanzan una reflexión sobre lo importante que es estar junto a alguien que quieres; cosa que desgraciadamente la gente que no ha vivido la guerra, ha olvidado actualmente.
Para Olvidar: El agelote que introduce la historia. No se entiende a no ser que Zinnemann quisiera recubrir su dura epoyeya para venderla como una pildora con sabor a "¡Que bello es vivir!"
Nota: 8,5
Para mas info, haz click aki
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
No hay comentarios:
Publicar un comentario