La ciguenña es un símbolo de paz y por eso Mikhail lo utiliza para esta preciosa metáfora de los dos amantes rusos. Tal y como se concibe el cine de la época comunista por encima del individuo estaba el colectivo y ambos protagonistas entienden su separación en post de un futuro mejor. La cámara del director se mueve de forma extraña y tiene unos encuadres nunca vistos en el cine occidental, con eso, con la bonita historia que nos cuenta y con la belleza de la protagonista tenemos un bonito relato que cautivó a Cannes. Se puede destacar también la dureza y crudeza de las escenas bélicas filmadas, nada edulcoradas como estamos acostumbrados en Occidente, mucho podrían aprender Oliver Stone, Coppola o Scorsese para la filmación de escenas en pleno combate con unos medios del año 57 y en blanco y negro. Una joya del cine díficil de encontrar pero que merece la pena la búsqueda y el visionado de ella.
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