Como toda película de este director el diálogo brilla por su ausencia y se centra más en los gestos, en las imágenes tan bellas como impactantes, de hecho es significativo que el personaje de la muchacha se tire todo el metraje sin decir una sola palabra. Los ojos de los protagonistas nos dicen todo, los celos del hombre viejo, la inocencia de la niña o la comprensión del joven enamorado de la muchacha. Una buena idea que se queda en una obra menor de este director porque la película no llega al nivel poético de otras producciones como Primavera, Verano, Otoño, Invierno y Primavera... Sin embargo una propuesta interesante que debería ser tenida en cuenta para el aprendizaje de la cotidianedad y que en este momentos las ideas más innovadoras nos vienen del cine oriental.
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