Bonito relato de cine asiático el que encontramos en este film, con una fotografía a cargo de Christopher Doyle (también presente en las producciones de Wong Kar Wai) y unos retazos de realismo mágico el director mezcla varios géneros cinematográficos como el drama, el thriller o la comedia. En la producción demuestra su admiración con el cine japonés con la aparición final de Miike Takashi haciendo de sicario. Como casi toda película dramática procedente de Oriente adolece de algo que muchos occidentales no pueden tolerar y es su ritmo lento y pausado que hace que ese tipo de cine haya que afrontarlo desde otra perspectiva. Para algunos un tostón intelectualoide, para otros en los que me incluyo una historia de detalles que en su conjunto reflexionando te da lecciones de tu propia vida cotidiana.
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