USA (2014)
“Doc” Sportello es un detective privado de Los Ángeles de los 70. Una década marcada por la convivencia entre los “post-hippies” y los fachas habituales de USA. Doc pertenecía al primer grupo y convivía “felizmente” con su adicción a la marihuana. Esto le acarreaba ciertos problemas de concentración y delirios arbitrarios. Sorprendentemente, esto no era un obstáculo para su profesión. Su nuevo caso era algo personal, pues su guapa ex-novia había desaparecido junto con un magnate de la ciudad. La cosa se empieza a poner fea, sobretodo cuando Doc investiga los asuntos del ricachón. Parece que esta metido en un mundo muy truculento que va desde el tráfico de drogas, al blanqueo, pasando por asesinato y sectas racistas. Un cúmulo de cosas que para una persona como Doc no es fácil aterrizar, ya que nadie le toma muy en serio. Empezando por una especie de amigo que tiene en la policía, que le atosiga todo el rato y que nunca se sabe si lo quiere ayudar o detener. El detective, a golpe de ingenio y porretes, consigue moverse de una pieza por la complicada trama hasta encontrar una verdad que puede que solo sea fruto de sus “cuelgues”.
El oscarizado Paul Thomas Anderson, tiene una filmografía bastante peculiar, donde, para mi, no destaca especialmente “Una batalla tras otra”. Sin embargo, si que hay pequeñas joyas como esta “Puro vicio”. Estamos ante una versión libre de la típica historia de detectives, donde las drogas y el descontrol marcan al protagonista desde el minuto 1. Un protagonista, Joaquin Phenix, que borda el personaje dotándolo de astucia, ironía y humor. Sin ser tremendamente ambiciosa, la película nos muestra una realidad social americana que intentan evolucionar el fenómeno hippie y debe convivir con la corrupción y el racismo. En definitiva una pieza muy recomendable, por su nivel de entretenimiento y su originalidad, aunque haya momentos que uno se pierda entre la realidad y la posible paranoia del detective.
Nota: 8.6
Para Recordar: La conversación con el padre de Japonia. Crema.
Para Olvidar: Que nunca quede muy
claro si estamos ante una alucinación o una situación demasiado
bizarra.

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