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viernes, mayo 02, 2008

Caótica Ana

Ana es una artista mallorquina que vive con su padre en una cueva ibicenca. Gana dinero vendiendo sus obras en mercadillos y puestos callejeros. Cierto día, una mecenas se fija en una de sus creaciones y decide ficharla para su escuela de arte en Madrid. Ana, asustada, decide aceptar la oferta y marcha a la capital. Allí coincide con más artistas; conoce un mundo nuevo, más liberal y libertino, donde las ideas fluyen fácil y el amor y el odio se perciben de manera más visceral. Conoce a un muchacho norteafricano que despierta toda su pasión; sin saber como, se embarca en una historia sentimental que sobrepasa todo lo conocido hasta ahora por la chica. Es entonces cuando sufre su primera regresión; recuerdos de otra vida que se reviven claros como el agua en la mente de Ana. Este fenómeno, es estudiado mediante hipnosis y cada vez las vidas que se rememoran, son más antiguas y tortuosas. Su mejor amiga y un compañero, intentarán llegar al origen de todo, la primera vida; la duda esta en si Ana aguantará el sufrimiento de recordar las penurias que tuvieron que soportar sus ancestros.

Caótica Ana, es lo que podríamos llamar, la ‘obra maldita’ de original y visionario director vasco Julio Medem. Mal acogida tanto por la crítica como por el público, despertaba mi interés por dos razones: primero porque no soy persona que se conforme con escuchar opiniones de terceros y segundo porque sus anteriores obras son de una calidad excepcional. En realidad, 'Caótica Ana', es una película dividida en varias partes demasiado diferentes entre sí. Si bien la primera hora, que sirve como introducción a la idea base, me parece interesantísima, el desarrollo y el desenlace, sin embargo, transcurren por un camino de inconsistente surrealismo. La forma en la que Ana es sacada de su humilde entorno, donde es feliz como un bebe en el vientre materno y es llevada a un lugar tan hostil como Madrid, donde se enfrenta al mal más grande que pudiera imaginar, el amor, está retratada con una dulzura y una maestría digna del mejor Medem. Pero cuando damos el paso a un plano, digamos, más ‘paranormal’, con hipnosis selectiva y regresiones a vidas pasadas, el film va perdiendo identidad. La historia va degenerando paulatinamente hasta alcanzar el absurdo mas absoluto en la escena de la defecación practicando un 69. En definitiva, hay que dar un merecido notable por el buen planteamiento, pero hay que suspender rotundamente la conclusión final.

Nota: 6,1


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