(2024)
Una pareja iraquí, se muda a una amplia casa que heredan de un familiar lejano. La casa es una mansión para los estándares del país. Algo vieja pero con todo lo necesario para empezar una nueva vida. Pari, la mujer, cuida del hogar, mientras que Goran, su marido, se gana la vida como puede en una tienda de reparación de móviles. Pronto se darán cuenta que esa casa no es una bendición precisamente. Apariciones espectrales se mezclan con imágenes reales de un pasado cercano donde Peri contempla el velatorio de su propia madre. Algo muy perturbador, que necesita de la ayuda de su primo, un hombre apasionado de las video cámaras. De esta manera, consigue filmar a alguno de los “fantasmas” de la casa de Pari. Pero esto no es lo único que ha grabado el primo. La muchacha descubrirá un terrible secreto que le llevará a ser testigo de una oscura maldición kurda.
Me alegra comentar hoy una película de una cultura que lucha por integrarse en el mundo del arte: los kurdos. Desde el lejano Irak, tenemos una más que correcta película de terror que os aseguro, os hará dar más de un brinco en el sillón. El realizador Srwsht Abarash, nos sumerge en un relato que no para de mezclar la realidad con una siniestra historia de folklore local. Algo así como brujería kurda en medio de la gran ciudad. Todo alimentado con pinceladas de la vida cotidiana iraquí, cosa que le da más valor a la trama. Una trama que tiene poco peso en cuanto a complejidad, pero que cumple con creces su misión básica: asustar. Un gran descubrimiento de otro tipo cine de horror. Nota: 7.7
Para recordar: Los cambios de plano entre la realidad y el mundo de los muertos.
Para olvidar: La historia es muy simple. Si buscas un guión para darle vueltas a la cabeza, esta no es tu película

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