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miércoles, noviembre 19, 2014

Soshite chichi ni naru (De tal padre, tal hijo)

Japón (2013)

Producción dirigida por Hirokazu Koreeda, ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Cannes y Premio del Público en el Festival de San Sebastián entre otros premios. Este director ya dirigió hace casi una década la película Nadie sabe anteriormente comentada en el blog. Ryoata es un arquitecto muy sacrificado en el ámbito profesional, está casado con Midori y tienen un hijo de 6 años que se llama Keita, su vida transcurre entre la rutina laboral de Ryoata y las labores del hogar de Midori cuidando al pequeño. Un buen día reciben una llamada del hospital donde Midori dio a luz a Keita, un parto muy complicado para ella que le trajo complicaciones de hospitalización durante un tiempo y saber que ya no va a tener posibilidades de volver a quedarse embarazada. En el hospital son informados de que su hijo Keita no es suyo, si no que fue intercambiado con el bebé de otra familia que también ha sido debidamente informada, una pequeña venganza de una las enfermeras a causa de la envidia por el estatus económico de Ryoata, hace que la vida de estas dos familias dé un vuelco total. El verdadero hijo de Ryoata es Ryosuke y lo cuidan los Saiki, una familia muy diferente a la de nuestro protagonista, el padre (Yukari) es dependiente de una tienda e intenta pasar más tiempo con sus hijos, es más natural, familiar y menos amigo del trabajo que Ryoata, Ryosuke además tiene dos hermanos de este matrimonio que económicamente no tienen mucho pero que son bastante felices. Tras el descubrimiento del hospital, las dos familias tienen que decidir conjuntamente que hacen con los dos niños, si siguen viviendo con sus familias "adoptivas" o realizar el intercambio. Al principio deciden una serie de encuentros para irse conociendo y así ir averiguando que puede ser mejor para los niños. Ryoata sufre porque al principio quiere resolver el tema de la única manera que sabe, mediante su dinero quedarse a los dos niños, cosa que los Saiki no permiten y se sienten insultados, luego la llamada de la sangre es lo que le hace pensar que en realidad Keita no va a ser como él y prefiere el intercambio para moldear a Ryosuke, pero quizás ya es demasiado tarde, son 6 años de crianza por parte de los Saiki. Lo que no se da cuenta nuestra protagonista es que nunca ha sido un verdadero padre.

Una bonita y conmovedora historia de niños por parte de Koreeda, un especialista en este tipo de temática que muy al contrario de lo que predicada Alfred Hithcock de que nunca se trabajase con infantes, para él es muy fácil y construye unas historias difícilmente olvidables y de una calidad fuera de toda duda. En esta ocasión enfrenta dos tipos de modelos familiares, uno más sacrificado y trabajador que representa la familia protagonista que son los Nonomiya, quizás el que representa el nuevo Japón, hombre siempre fuera de casa y mujer que cuida de la familia y que les va bien económicamente con hijo único, contra una familia más unida, más natural pero con más apreturas para llegar a fin de mes que son los Saiki, ellos representan un Japón más tradicional, también bastante trabajadores pero que saben separar lo laboral de lo familiar y saben que tienen que dedicar tiempo a los niños y al matrimonio. El director, al igual que yo en la crítica, se centra más en los pensamientos y sentimientos de los Nonomiya, con Ryoata como protagonista, un hombre que intenta controlar absolutamente todo y que no se le puede escapar detalle alguno, cuando lo más importante lo está dejando a un lado que es ser un padre familiar, cariñoso y bondadoso. No voy a desvelar si se hace el intercambio o no entre los niños de las diferentes familias para no destripar la trama, simplemente escribir que es un gran guión, muy bien filmado durante casi 2 horas de metraje y con un buen trabajo por parte de los actores en la interpretación y del director en el guión. A destacar algo que es fundamental en este tipo de cine y de historias, logra unas cotas de autenticidad difícilmente alcanzables, los niños son estupendos y construyen escenas que te hacen creer que son familias reales. Es el punto más fuerte de esta bonita y entrañable historia donde la música y los paisajes ya hacen que sea del todo su recomendada visión para pasar un buen rato con una historia que quizás no se resuelve del todo bien.

Para Recordar: La reflexión a la que nos lleva la pregunta que nos hace la película, en un hijo que es lo más importante, la sangre y tu genética o cuando has vivido con esa pequeña persona durante sus primeros años. Una magnífica historia acerca de la vida y la paternidad con unos grandes actores.

Para Olvidar: Quizás un final un poco sensiblero donde el protagonista habla como un adulto a un niño y este lo comprende, chirría y no cierra una gran historia.




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