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sábado, agosto 13, 2016

Cien años de perdón

Spain (2016)
En un día especialmente lluvioso, un grupo de encapuchados irrumpe violentamente en un banco español, de esos que han empezado a hacer reducción de personal. El cabecilla del grupo, que parece bastante preparado, comienza a dar ordenes con acento sudamericano, probablemente argentino. Siguiendo los cánones de todo buen atraco, atan a los rehenes y empiezan a vaciar las cajas de seguridad. Pero parece que no todo está cumpliendo el cauce habitual. Parte de los ladrones esta haciendo un agujero en el suelo para enlazar con las alcantarillas; otra parte vigila a los clientes del banco y les han dejado que llamen a sus familias para decir que están bien. Esto claramente alertará a la policía sobre la situación, cosa que no inquieta a los asaltantes. Parece que tienen un plan B mejor que el A. Pero no habían contado con la lluvia torrencial ni con con que el motivo principal del atraco no es el dinero. Alguien no ha dicho toda la verdad y aparentemente, el verdadero 'tesoro' es un objeto escondido en una de las cajas. Las altas esferas andan detrás de 'eso' y no van a permitir que nada salga mal aunque para ello tengan que abortar la operación de cualquier manera. La cosa se pone fea pero el Gallego y compañía no se van a rendir fácilmente. Solamente hay que cambiar las prioridades y deberán robarle a un ladrón, cosa, que como todo el mundo sabe, tiene cien años de perdón.

El amigo Calparsoro se adentra de nuevo en su genero preferido, el thriller de accion. Esta vez acompañado del prolífico Jorge Guerricaechevarría (El día de la bestia, Celda 211), intenta dar un giro a la típica película de atracos para crear una obra algo compleja, con intriga, humor negro y denuncia politico-social. Quizás objetivos algo ambiciosos para un realizador visceral como lo es Calparsoro. Durante la primer media hora, la historia nos atrapa y nos invita a disfrutar con buen cine de suspense estilo patrio aunque con pinceladas yankis. Algo que no incomoda y que nos hace rápidamente ser participes de la situación. La cosa empeora cuando el pastel se descubre y comienza una especie de alocada carrera contra reloj para salir de banco a cualquier precio. La veracidad se pierde, la limitación de exteriores hace pesada la trama y la mezcla de conspiraciones nos hará perder la perspectiva de lo que de verdad importa: los atracadores y su plan. Un plan que tienen un trasfondo político pero que realmente poco tiene de idealista y de social, porque lo que al final importa es lo de siempre: la pasta. Nadie es Robin Hood y ninguno de los delincuentes quiere librarnos de la opresión bancaria. Solo quieren su parte y vivir su vida lo mejor posible, independientemente de que el pueblo español este ahogado por la crisis y sus gobernantes. Este innecesario paréntesis para identificar quien maneja los hilos, afortunadamente termina cuando el film se acerca al desenlace. Un desenlace que de nuevo nos atrapará y nos dejará con un buen sabor de boca, aunque con la inevitable sensación de que se podía haber sacado mucho más de este interesante largometraje.


Nota: 7.2

Para recordar: La puesta en escena, frenética y elegante.
Para olvidar: Los flirteos con el cine de acción.


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