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miércoles, octubre 27, 2010

La ley del Silencio

En los años 50, las áreas portuarias yankees estaban controladas por la mafia. Una mafia localista, patriota, pero al fin y al cabo, criminal. Funcionan con pequeñas extorsiones para colocar a la gente en el puerto. Un poco de usura, apuestas ilegales y algún garito que otro por toda la ciudad. Un cúmulo de delitos menores que al final mueve muchísimo dinero. Y el dinero es poder. Y el poder no debe perderse. Por eso, los chivatazos o las salidas de tono deben controlarse al máximo. Si con palizas no funciona habrá que emplear otros métodos. Terry Mallone aún es un hombre ingenuo que trabaja para el patrón en los temas de escarmiento. No es muy listo y su pasado pugilístico le ha mermado aún más sus condiciones intelectuales. Pero tiene sentimientos y se da cuenta que lo que hace no esta bien. Máxime cuando comprueba que las medidas disuasorias están empezando a endurecerse. Los muertos se cuentan por semana y el miedo se apodera de todos los trabajadores del puerto. La policia quiere intervenir pero no consigue a nadie que que quiera cooperar. Y los pocos que quieren acaban falleciendo en extrañas circunstancias. Terry esta cada vez más indignado; el amor ha llamado a su puerta en forma de hermana de uno de los asesinados por la mafia. Un asesinato del que el fue complice circunstancial. El ex-boxeador tiene lo suficiente para desmantelar toda la trama: valor, inconsciencia y sobre todo nada que perder ¿será capaz de violar la temida ley del silencio?

Oscarizada obra del mítico director Otomano, Elia Kazan. Con 8 oscars en su haber, La Ley del Silencio junto con la interpretación del eterno Marlon Brando, ha pasado a formar parte de la historia del cine. Con un guión denso y una reflexión moral profunda, la película pone de manifiesto la problemática de la mafia en los muelles. Una mafia que esta presente de manera común en muchos aspectos de la sociedad. Por otro lado, el transfondo del secretismo roto por confesiones de la gente involucrada en los asuntos ilegales, recuerda mucho a la caza de brujas en la que se vió inmerso el país americano en los años 50. Por supuesto, destacar ese papel de Brando haciendo de chulo bonachón, medio sonado, medio lúcido en un despliegue interpretativo sin concesiones. Largometraje con mucha sustancia y mucha clase.

Nota: 8,9

Para Recordar: Los ojitos de niño bueno de Brando.
Para Olvidar: Los dilemas excesivamente morales que nos propone Kazan a título personal



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