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sábado, septiembre 29, 2012

Tokyo monogatari (Cuentos de Tokio)

Japón (1953)

Producción dirigida por Yasujiro Ozu, una de las obras cumbres del cine japonés. Una pareja de ancianos vive en un pueblo cerca de Hiroshima, ya han criado a sus hijos que viven en Tokio, menos uno que falleció en la guerra y otro que vive en Osaka. Hasta la capital del imperio se trasladan tras un largo viaje de tren. En principio no dicen para cuanto tiempo se van a quedar viendo a sus hijos y nietos, el matrimonio se establecerá en la casa de su hijo mayor que es médico y tiene 2 hijos. En la casa, verán además de la familia del médico, a su otra hija, que se dedica a un salón de belleza y a su nuera Noriko, ya viuda porque fue la mujer del hijo que este matrimonio perdió en la II Guerra Mundial. Al principio todo son atenciones para Shukishi y Tomi, pero pasado un tiempo ya son un estorbo porque todos están muy ocupados en Tokio con sus trabajos, el cuidado de sus hijos y las labores de casa, además sus nietos son unos niños bastante maleducados. La decepción de los ancianos es bastante manifiesta pero no dicen nada a sus hijos, no quieren meterse en sus vidas. La alegría vendrá de la mano de su nuera Noriko, una mujer que vive sola y que reconforta a los dos ancianos, a pesar de que su matrimonio estuviese lleno de sombras porque su marido fue poco respetuoso con ella. Este viaje supondrá la despedida del matrimonio a su familia más cercana. Fueron creyendo en el éxito de sus hijos en sus diferentes carreras y vuelven con una visión más cercana a la realidad, en la ciudad de Tokio son unos simples peones que sobreviven en barrios duros y con una vida incluso más austera que la que llevaban ellos mismos en el pueblo.

Un argumento que puede recordar mucho a las célebres películas ibéricas de Paco Martínez Soria, cuando iba a ver a su familia a Madrid y todo lo arreglaba, sin embargo, aquí estamos ante una versión bien distinta donde la honorabilidad y los valores de la sociedad japonesa en la posguerra se muestran en esta historia familiar. Hay pasajes muy interesante y fascinantemente rodados, por ejemplo el problema de alcoholismo de Shukishi, en un bar la pilla buena y se sincera que esperaba más de sus hijos, o esa complicidad del matrimonio protagonista donde los dos se quieren, se respetan y pasan el tiempo juntos y sobre todo la ternura de Noriko (Setsuko Hara), una actriz que quiero destacar porque cada vez que aparece en la película transmite tranquilidad y sosiego, dos virtudes que escasean mucho y que son muy difíciles de representar, de ahí el mérito que se le atribuye a la película y en ocasiones al cine oriental. Por otra parte, el ritmo del relato en algunos momentos es demasiado lento y hay que ponerle mucha paciencia para su visionado, que luego merece la pena porque está todo lleno de detalles y matices que hacen que no se te olvide y lo más importante, reflexionar sobre las relaciones familiares. Recomendada para públicos que les guste conocer a la sociedad japonesa y ver un buen drama de una temática que está bastante presente en la actualidad.

Para Recordar: La amabilidad y la solidaridad de la nuera Noriko con sus suegros, estando sola, respeta y ayuda más al matrimonio de ancianos que sus cuñados y sus propios hijos. El dilema de Ozu entre las generaciones más veteranas y la clase media japonesa después de la II Guerra Mundial que tiene un duro trabajo por delante.

Para Olvidar: La lentitud en el ritmo de este tipo de películas, a veces es desesperante como se afrontan este tipo de proyectos, planos larguísimos que para los culturetas tienen que ser muy interesantes, pero que no ayudan nada al director para contarnos su historia.




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